Este Sábado Isabella cumple ocho y estoy totalmente fascinado con ella, en la víspera de su nacimiento hay veces que sueño despierto imaginándome como será, ¿a quien se parecerá?, ¿sacará el carácter de la mamá o el mio?, ¿será deportista como su abuelo, o académico como el otro abuelo?, ¿les gustará ayudar a las personas como la abuela o las manualidades como a la otra? — muchas preguntas me formulo, y hay veces que me abstraigo de la rutina diaria por minutos, perdido en mi imaginación.
A pesar de esta emoción y expectativa inicial se que muchos serán los cambios, la gente me dice: aguanta que no vas a poder dormir, los niños no dejan de joder cuando crecen, los hijos son un compromiso para siempre y muchas cosas más, pero todo esto ya lo se, y lo acepto, es más, lo espero, le daré la bienvenida, agradecido, una nueva etapa llena de mucho estrés, compromiso, dificultades pero siempre compensada por la alegría el amor que esa personita, que esta en la panza de Diana, nos dará.
Ansío ver la sala llena de juguetes, ver las paredes rayadas, hablarle, limpiarla cuando se cague, dormirla, cargarla, me perderé en sus, seguramente, ojitos azabache, al igual como me pierdo en los ojos de la mamá.
Son ocho meses, apenas empieza, aún no está, y ya estoy enloquecido, son ocho meses y una vida, la nueva vida, mi vida.
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