Nunca me ha gusta la lechosa, ni verde con sal, ni madura, ni en jugo y, lastimosamente, ni siquiera en dulce; No se imaginan la mezcla de emociones que sentí cuando escuche a Tibisay Lucena anunciar en cadena, me calé todo en un canal local mayamero que se encadenó con Venezuela, los resultados, con una mezcla de incredulidad y emoción.
Para mí, el triunfo es de todos, generalmente no me gusta hablar de política, me parece un tema sucio, pero no puedo evitar esconder mi alegría al ver que hay caminos alternativos y que no siempre se hace la voluntad del presidente Chávez, y eso es bueno, inclusive para ellos, porque no hay nada que genere más incompetencia en un gobierno que la ausencia de una oposición.
No me pondré repetitivo, con el temita de la lección de democracia ni nada de esa paja, lo que si repito es lo mismo que el comando Zamora decía, “El pueblo se manifestó en masa”, afortunadamente, a favor del No, y repito, ganamos todos, hasta Chávez, si le da la vuelta a esta derrota, puede ser el gran ganador y embolsillarse a los famosos ni-ni o a todos aquellos que una vez creyeron en el y que tanta radicalidad, discordia y malas decisiones han alejado.
Celebremos, pero cuidado, no es tiempo para vanagloriarse, ni fanfarroneos, como quizás Chavéz lo hubiese hecho de haber ganado, no, tiempo de relfexión y unión, y coño, de ponerse a trabajar, sobretodo el gobierno.
A falta de dulce de lechosa, me comeré un quesillito.
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