Erase un poderoso y valiente soldado que defendió a capa y espada a un rey caÃdo, su coraje e indomable posición hizo que todos los adeptos al rey caÃdo se envalentonaran y salieran a las calles a reclamar que el regreso del rey. Este regresó, humilde y nostálgico, pero al cabo de un tiempo, obeso de tanto poder y tantos cortesanos este se volvió cada vez más autoritario y cada vez más poderoso, a través de diversas movidas polÃticas avaladas por todos y por su pueblo.
Sin embargo a aquel soldado de la revolución le fue muy bien, fue condecorado y nombrada la máxima autoridad posible en su área y además de ello fue premiado con ovaciones, alabanzas y admiración por parte de los cortesanos del rey y por el pueblo que apoya al rey.
Un dÃa, el rey, ansiando aún más poder para poder llevar a la gloria a su pueblo, le pide a este que le de más poder, y propone hacerlo a través de una consulta donde todo el pueblo votará, asà el rey felizmente se consagrarÃa como el amo y señor de su reino, pero el soldado, que ahora ya se encontraba alejado de la vida pública, habló en contra del rey, dijo que no era necesario y que con solo seguir las directrices originales del rey serÃa necesario para que este lograse todo lo que querÃa lograr con sus reformas. Inmediatamente salieron los cortesanos, todos en manada, a pronunciarse en contra del soldado que una vez llamaron héroe y lo tildaron de traidor, de salvador a traidor, de héroe a villano.
Esto no es fantasÃa, es realidad, y ocurre en el paÃs donde lo mágico es real, en Venezuela.
Baduel es el Trotsky venezolano.
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